No todas las iglesias se multiplican dando a luz a nuevas iglesias, pero cada iglesia que no lo haga debería tener buenas razones para esta decisión. De la misma manera que en la creación de Dios las criaturas sanas se reproducen y se multiplican, esto también debería suceder con las iglesias.

En el libro Desarrollo natural de la iglesia hemos demostrado que, para la mayoría de las iglesias, no es una meta ni posible ni deseable crecer hasta el tamaño de una megaiglesia. Una iglesia grande no debería ser normalmente nuestro modelo. A la vista de nuestros resultados, el reto de la multiplicación continua de la iglesia ha adquirido una nueva urgencia.

Del total de 170 variables que constituían la base de nuestro cuestionario, el ordenador estableció aquellas que tenían la relación negativa más fuerte con el crecimiento de la iglesia. Resultado: De todas las variables establecidas, al tamaño de la iglesia le correspondió el tercer lugar entre los factores de peor influencia sobre el crecimiento, sólo comparable con factores como «teología liberal» o «tradicionalismo».

Tamaño y crecimiento

Para definir un poco mejor las categorías «grande» y «pequeña», analizamos, a continuación, el crecimiento de iglesias de diversos tamaños: 1-100 asistentes, 100-200, 200-300, 300-400, etc. (véase ilustración). El resultado fue que el porcentaje de crecimiento iba en reducción a medida que aumentaba el número de asistentes. En sí, este hecho no sorprende, ya que los mismos porcentajes referidos a iglesias grandes representarían números mucho mayores de personas. La verdadera sorpresa se produjo cuando, de los porcentajes, obtuvimos las cifras absolutas. Resultado: Las iglesias agrupadas en la categoría de más pequeñas habían ganado en los últimos cinco años, por término medio, 32 personas; las iglesias entre 100 y 200 asistentes, también 32 personas; las iglesias entre 200 y 300 alcanzaron 39 personas, y las iglesias entre 300 y 400, sólo 25 personas. Esto quiere decir que una «iglesia pequeña» aumenta el mismo número de personas que una «grande», o dicho en otra forma: dos iglesias, de alrededor de 200 creyentes cada una, llevan más del doble de personas al Evangelio que una con 400 creyentes en comunión.

¿Y no podría ser todo completamente diferente en iglesias realmente grandes (de más de 1000 asistentes)? Con la cantidad enorme de datos a nuestra disposición, tuvimos, por vez primera, la posibilidad de analizar este supuesto y su grado de veracidad. Resultado: Mientras que las iglesias de la categoría de hasta 100 asistentes (con un promedio de 51 en los cultos) ganaron una media de 32 personas nuevas en los últimos 5 años, el crecimiento en las mega-iglesias (media de 2.856 participantes en cultos) fue, en el mismo tiempo, de unas 112 personas. Es cierto que estas son, en números absolutos, más que en iglesias «enanas». Sin embargo, si nos damos cuenta de que, en las megaiglesias, tenemos 56 veces más miembros que en las «enanas», el cálculo que sigue expresa de manera mucho más realista el potencial de las dos categorías de iglesia. Si en lugar de haber una iglesia con una asistencia media al culto de 2.856 personas, hubiera 56 iglesias con 51 creyentes en comunión cada una, entonces ganarían estas últimas, como media estadística, dentro de cinco años, 1.792 personas. Esto sería 16 veces lo que alcanzaría la megaiglesia. Por lo tanto, ha quedado demostrado que el efecto evangelístico de las iglesias enanas es 1.600 por ciento mayor que el de las megaiglesias.

Las iglesias de mil miembros o más son las excepciones. Por el contrario, la regla debería ser iglesias de cien a doscientos miembros que ayudan a nacer a nuevas iglesias continuamente. Se puede demostrar que esto es, con mucho, la contribución más efectiva que una iglesia puede hacer a la evangelización mundial.




(DNIP, 46. DNI, 46-48.)




 

Atrás Arriba Portada